Formación Alzheimer

Formación Alzheimer

“No queremos que las residencias sean hospitales, sino lugares para vivir”


Un artículo del Dr. Eloy Ortiz Cachero, Director de la Residencia Sierra del Cuera

Estamos asistiendo a un bombardeo incesante de noticias relacionadas con las residencias de personas mayores. La mayoría de ellas, trasladan a la sociedad una visión negativa de las mismas. Me parece que no es lo más idóneo ofrecer un juicio de valor de una realidad que no se conoce en profundidad. La generalización alimenta desconfianzas y no ofrece soluciones. Es preciso recordar que las personas mayores que viven en las residencias son, en un porcentaje muy elevado, frágiles. En ellas, la presentación de la enfermedad en no pocas ocasiones es atípica y sus patologías crónicas pueden desestabilizarse fácilmente.

Aunque soy un firme defensor de que el modelo residencial ha de cambiar, también soy conocedor de que con el desempeño de las y los profesionales que trabajan en las residencias, la vida de muchas personas es digna de ser vivida. Mi relación profesional desde hace ya más de veintitrés años, así como mi experiencia docente como colaborador en el Postgrado Universitario en Gerontología de la Universidad de Oviedo, en los Cursos de humanización, ética y atención centrada en la persona del Instituto Asturiano de Administraciones Públicas Adolfo Posada y con Centros de formación privada, me faculta para poder decir en voz alta que la pre-ocupación por el ser humano vulnerable constituye el elemento fundamental sobre el que se sustenta la atención profesional en las residencias.

Si rechazamos que los alojamientos para personas mayores sean exclusivamente centros hoteleros, en los que las personas tengan cubiertas sus necesidades básicas, también es necesario dejar muy claro que no podemos ni debemos pretender que las residencias se conviertan en centros sanitarios, y ello independientemente, de que estas organizaciones dispongan de profesionales de este sector. Desde esta consideración, entiendo que la función de la residencia no debe ceñirse exclusivamente a la prestación de alojamiento y de cuidados que mantengan a las personas aseadas, seguras y bien alimentadas. Como escribió el psicólogo humanista Abraham Maslow «es cierto que el hombre vive solamente para el pan, cuando no hay pan. Pero ¿qué ocurre con los deseos del hombre cuando hay un montón de pan y cuando tiene la tripa llena crónicamente?».

La Federación de Asociaciones de personas mayores de Cataluña hace unos años puso en marcha un proyecto para conocer la opinión de las personas mayores sobre la residencia en la que les gustaría vivir. La respuesta fue: “nos gustaría vivir donde vivimos ahora, pero somos conscientes de que puede llegar un momento en que no sea posible y necesitemos una residencia. Por eso, queremos saber en cuáles podremos vivir porque se respetan nuestros derechos y en qué otras nos tratarán bien, tendremos lo necesario, pero no seremos artífices de nuestra propia vida”. Pienso, que la residencia es un lugar para vivir y que la vida en ella debe resultar una experiencia positiva. Desde esta apreciación, el escenario de convivencia ha de preservar los derechos fundamentales de todo ser humano.

La atención de calidad en el cuidado ha de contemplar la dimensión biológica, psicológica, social, espiritual… Considerando a la persona como un ser multidimensional se puede vislumbrar que la respuesta ha de ser holística. Pero holístico no es solo ver al otro globalmente, sino que consiste en partir de la complejidad del ser humano. Esta respuesta integral y compleja únicamente puede ser ofrecida desde la colaboración de diferentes profesionales.

Afortunadamente, en muchos centros residenciales, la atención se ha y se está profesionalizando, de tal forma que hoy podemos decir, que la persona mayor que vive en una residencia es atendida por un grupo multiprofesional con alto grado de cualificación que trabajando desde la interdisciplinariedad, y en estrecha relación con los Servicios Sociales y Sanitarios comunitarios, es capaz de dar respuestas adecuadas a las demandas planteadas. Con el trabajo interdisciplinar, los diferentes profesionales se alejan de su certeza dogmática, para interesarse en la curiosidad constructiva. Es lo que el profesor Rodríguez Cabrero denomina “Intelectual colectivo”, es decir, la apertura a todos los saberes. Un aspecto especialmente importante, es que no debemos olvidar que la persona mayor y, si ese es su deseo, su familia, han de formar parte de ese equipo. ¡Cómo no!

El modelo imperante ha de transformarse hacia un nuevo paradigma que tenga muy presente que cada persona es única, con una identidad propia que ha ido forjando a lo largo de su vida. Precisamente, porque cada persona es distinta a las demás, deberemos rechazar procedimientos organizativos homogeneizantes, contraponiendo en su lugar el Modelo de Atención Integral y Centrado en la Persona (MAICP), en el que se especifican dos dimensiones en la atención: la integralidad y la personalización.

La pretensión ha de ser arrinconar la indiferenciación para dar paso a un talante cambiante que sea capaz de alterar el orden establecido en función de las preferencias y expectativas de cada individuo. El objetivo ha de ser ofrecer a la persona la oportunidad de elegir su forma de vida. De ello se deduce, que el modelo de atención ha de dar continuidad al proyecto de vida de cada ser humano.

Todas estas conceptualizaciones teóricas han de ser refrendadas en la práctica diaria, ya que si no fuera así, carecerían de valor. Debemos pasar de los pensamientos a los hechos, de la moralina a la moralita que decía Ortega y Gasset, para que el interés de la organización jamás esté por encima del de la persona. A partir de esta reflexión, la pregunta que debemos hacernos es obvia: ¿cómo hacer bien lo que es bueno para cada persona?

Cuando nos planteamos atender adecuadamente, el punto de partida ha de ser el de reconocer a la persona mayor como capaz, autónoma y responsable para gestionar su vida, y cuando esto no sea posible, esté representada desde sus valores. El respeto al principio de autonomía nos aleja del paternalismo, que consiste en decidir por y sobre el otro sin el otro, o sin tomar en consideración al otro. No obstante, no debemos olvidar que ningún ser humano es autosuficiente, sino que todos necesitamos a los demás para sobrevivir. Por ello, hemos de rechazar el autonomismo autosuficiente y aceptarnos como sujetos interdependientes.

Cuando la persona es lo importante, se desmitifican las costumbres arraigadas y se establece un equilibrio relacional entre el profesional (acompaña) y la persona residente que es al final la que decide. No obstante, para que la percepción de control, de dominio de la situación sea auténtica y efectiva, los arquetipos organizativos han de alejarse de procedimientos rígidos, encorsetados, uniformizantes y perennes, ya que lo que hoy es satisfactorio, mañana puede no serlo. Como nos enseña el neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl “el sentido de la vida cambia de un hombre a otro, de un día a otro, de una hora a otra. Así pues, lo importante no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado de la vida en cada momento”.

Los razonamientos expuestos tratan de explicitar la necesidad del cambio de modelos de atención en las residencias de personas mayores. Tendremos que explorar los problemas, identificar los recursos y pasar a la acción. Mi opinión es que el cambio requiere poner a prueba las cosas que damos por supuestas y humildad para reconocer que podemos mejorar.

En conclusión, las residencias deben ser un lugar para vivir con dignidad, autonomía y libertad, en un ambiente que ofrezca la sensación de hogar, ya que si no se puede estar en casa, donde estemos queremos estar como en casa. Para conseguirlo, necesitamos nuevos diseños arquitectónicos, pero también novedosos esquemas organizativos que se fundamenten en la creencia de que la persona ha de ser el centro de la atención

Miércoles, 15 Abril 2020 13:54

ATENCIÓN Y DIVERSIDAD

 

Dr. Eloy Ortiz Cachero . Director Residencia Sierra del Cuera

 

Cuando me fijo en la “mirada” de las personas que me rodean, me doy cuenta de que ellos como yo mismo vivimos en tiempos de angustia, preocupación, miedo y sufrimiento. Pero sabéis, ¡este periodo de nuestras vidas pasará! ¿Quién no ha visto a las palmeras doblarse por el viento? Sabemos que los vientos huracanados hacen que las palmeras se doblen y agachen su copa, pero también que son capaces de recuperarse y elevar sus ramas al cielo. Sin duda, las palmeras son un ejemplo en el que los seres humanos podemos fijarnos para afrontar los avatares de la vida, para reconstruirnos y reinventarnos a la hora de desafiar las adversidades, porque como escribió el filósofo alemán F. Nietzsche “lo que no me destruye, me hace más fuerte.

 

            Los seres humanos somos vulnerables, nadie es autosuficiente, sino que todos somos interdependientes. Hay épocas en nuestra vida en las que estamos necesitados de “recibir”. Nadie está libre de tener que precisar la ayuda de otro ser humano. Pero es que además somos vulnerables porque somos “generosos”. Este hecho incontestable adquiere mayor presencia en estos difíciles momentos. Trabajo diariamente, codo con codo, día a día, con profesionales que se vinculan y se acercan a las personas para poder ofrecerles respeto, compañía y el mayor bienestar posible. Pero también es cierto, que al acercarnos a las personas vulnerables nos damos cuenta de nuestra propia vulnerabilidad. Es entonces, cuando esa cercanía, generosidad y humanidad, nos llega con “emoción” de las propias personas mayores a las que prestamos ayuda. Su cariño, integridad, fortaleza y entusiasmo nos hacen crecer cada día como seres humanos.

 

Entiendo que la situación que nos está tocando vivir exige tener muy presente la “circunstancia” de cada persona. Ya lo decía el gran filósofo español Ortega y Gasset: “yo soy yo y mi circunstancia”, pero la frase continua “y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Y es precisamente esto lo decisivo de la frase, si quieres salvar al otro salva su circunstancia. Hoy muchas personas necesitan que las acompañemos para salvar su circunstancia. Y considerando que las personas somos únicas e irrepetibles, debemos llevar a cabo una atención que tenga en consideración la diversidad como punto de referencia, ya que no hay mayor injusticia que tratar igual lo diferente.

 

            En ocasiones la vida nos plantea situaciones que a priori nos superan, sintiendo que no vamos a poder afrontarlas. El momento actual nos confronta con exigencias que nos pueden llevar al límite y nos hagan cuestionarnos si tendremos la fortaleza necesaria para continuar adelante. “En este punto, nos encontramos con dos caminos: “dejarnos vencer o sobreponernos y salir fortalecidos” (Bermejo, 2011).

 

Viktor Frankl, en su libro El hombre en busca de sentido escribe lo siguiente: “nos pueden quitar la libertad, pero no esa libertad que consiste en cómo vivimos lo que no podemos cambiar”, porque efectivamente, en un entorno lleno de desánimo seguimos siendo libres de nuestra repuesta personal. En fin, construyamos puentes de esperanza para que lo que todavía no es, pronto se convierta en realidad.

 

Dr. Eloy Ortiz Cachero . Director Residencia Sierra del Cuera

 

 

Fuentes:

 

Bermejo JC. (2011). Resiliencia: una mirada humanizadora al sufrimiento. Ed. PPC. Madrid.

 

Frankl V. (2015). El hombre en busca de sentido. Ed. Herder. Barcelona.

 

Continuando con la serie de artículos relacionados con la estimulación y el mantenimiento funcional, hoy hablamos sobre como debemos adecuar el hogar para el paciente.

Organizar el espacio para disminuir los riesgos de accidentes, facilitar el desarrollo de su vida diaria y facilitar la tarea del cuidador. Esto se debe hacer de forma gradual, evitando las transformaciones bruscas, que puedan acrecentar el sentimiento de inseguridad del enfermo. Las indicaciones que se ofrecen, siempre son orientativas y es el cuidador, quien, conociendo al paciente, el que las debe considerar y adaptar según el nivel de autonomía de éste.

Adecuación del espacio

• El espacio donde vive debe estar libre de muebles, objetos y adornos que puedan provocar caídas.

• Conservar los objetos de uso cotidiano siempre en el mismo sitio, para evitar la confusión.

• Utilizar carteles con dibujos sencillos para indicar su habitación, cama, cuarto de baño y flechas para señalizar los recorridos.

• Poner relojes y calendarios visibles para que se oriente en el tiempo

• Quitar los adornos y objetos que puedan desorientarlo.

• Instalar en el dormitorio una luz nocturna permanente para evitar caídas si se despierta durante la noche.

• Cubrir o quitar los espejos, pues el enfermo puede asustarse al ver su ima gen y no reconocerla.

• Quitar o fijar alfombras para evitar tropiezos.

• Evitar cables eléctricos que entorpezcan el paso, y crucen habitaciones.

Evitar riesgos y accidentes en cocina y baño

Hay que tener un cuidado especial en estas zonas de la casa, ya que suelen ser en las que más riesgo existe y mayor número de accidentes se producen.

• Evitar pavimentos resbaladizos, tener en cuenta que los suelos antideslizantes, pueden ser deslizantes si se derrama agua, aceite o talco.

• Situar los productos tóxicos y objetos punzantes fuera del alcance, bajo llave.

• Prestar atención a la llave del gas, y tenerla cerrada mientras no se cocina.

• Utilizar utensilios de plástico, son menos peligrosos y no se rompen.

• En el cuarto de baño son más aconsejables los grifos de dos salidas, ya que los identifican más fácilmente.

• Poner antideslizantes en el suelo de la ducha o bañera. La alfombra sólo debe ponerse en el momento de salir de la bañera y tienen que ser de material absorbente para evitar charcos.

• Instalar asideros de seguridad de material rugoso y colores llamativos.

• Cubrir los enchufes y evitar el acceso a los botiquines.

 

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Existe una gran diversidad de comportamientos y síntomas en la Enfermedad de Alzheimer (EA). Actualmente no hay forma de predecir la progresión y cambios exactos que van a ocurrir. No obstante, sabemos que muchos de estos cambios constituirán un problema para quienes cuidan al enfermo. Por tanto, el conocimiento y la prevención son críticos para conseguir mantener la autonomía y reducir algunos riesgos en estos enfermos.

Las personas con EA tienen problemas de memoria e impedimentos cognoscitivos (dificultad para pensar y razonar). En ocasiones no tendrán capacidad para cuidar de si mismos. Pueden experimentar confusión, dificultades para seguir instrucciones, cambios de personalidad y comportamiento. Por ejemplo, pueden estar agitados, irritables o muy pasivos, en algunos casos deambular fuera del domicilio y perderse. Es posible que no vean la diferencia entre el día y la noche, y que se levanten, se vistan y salgan de la casa en medio de la noche, convencidos de que el día acaba de comenzar, etc.. Todas estas incapacidades son muy difíciles, no sólo para ellos, sino también para quien les cuida y sus seres queridos. Esta enfermedad provoca un deterioro de la calidad de vida del enfermo y de su entorno familiar, lo que conlleva grandes dificultades de convivencia

Cuidar a un paciente con demencia es un reto enorme. Se necesita tener paciencia, creatividad y conocimientos sobre la enfermedad, así ayudarán a mejorar la calidad de vida tanto de las personas a las que atienden como la propia. En la Enfermedad de Alzheimer, el tratamiento no farmacológico resulta de vital importancia.

 
CUIDAR EL AMBIENTE DEL HOGAR

Los enfermos de Alzheimer son especialmente sensibles al clima existente a su alrededor. Un entorno adaptado favorece su funcionamiento diario y el de su cuidador. La vivienda sin un grado mínimo de accesibilidad también puede ser sinónimo de aislamiento, inseguridad o malestar. Con las modificaciones se persigue aumentar la independencia, facilitar la realización de las Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD), aumentar la seguridad y prevenir accidentes.

Hay que adaptar el ambiente a las capacidades del enfermo y no al contrario.Se recomienda:

Crear un ambiente estable, sencillo y rutinario

• El entorno debe ser sencillo, estable y seguro para protegerlos, facilitar la autonomía y hacer más agradable su vida y la de sus cuidadores.

• Es importante que la casa sea sencilla y personal.

• No hacer cambios bruscos en su entorno.

• Las adaptaciones se deben hacer de forma progresiva, y siempre dándoles explicaciones sencillas.

• La rutina debe ser la base de sus actividades, ya que, puede contribuir a mantener e incluso mejorar las habilidades del enfermo de Alzheimer, dándole mayor seguridad y autonomía.

• Dejar siempre en el mismo lugar los objetos personales. Ambiente familiar

• Tener en lugares visibles fotos de familiares y lugares frecuentados.

• Mantener un tono de voz tranquilo, no discutir con el, ya que esto solo le causará confusión y tensión.

• Evitar sitios donde haya mucha gente o desconocidos, es necesario mantener un ambiente tranquilo que no les altere.

 • El humor de las personas que le rodean tiene un efecto directo sobre el estado de ánimo del enfermo.

• Los objetos personales, recuerdos, les ayudan a saber quienes son y dónde están y permanecer en contacto con la realidad del día a día.

 

Adoptar una actitud positiva y adecuada que facilite la relación

• Tener en cuenta, que son personas con sentimientos y derechos.

• No hablar de él ante otras personas, mantener su dignidad. Su enfermedad les limita para comunicarse y por lo tanto para relacionarse con su entorno, sin embargo escuchan, sienten y pueden tener momentos de lucidez y lo que se diga o haga les puede alterar.

• Respetar sus costumbres y gustos.

• Tener paciencia, darles la oportunidad de hacer las cosas solos.

• No regañarles ni avergonzarles delante de otras personas.

 

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Continuamos con ejemplos de ejericios para realizar con pacientes de Alzheimer

3.- Ejercicios de Memoria

Existen diferentes tipos o clasificaciones de la memoria, de cara a planificar y definir nuestra intervención en esta área:

Memoria de Trabajo: nos dice en cada momento lo que estamos haciendo. Ejemplo: estamos cocinando y nos falta sal, bajamos a la despensa a por ella y en el camino suena el teléfono, es nuestro esposo/a, que nos da un recado. Al colgar el teléfono, bajamos a la despensa y… se nos olvida para qué hemos bajado?... Tras un rato inmóviles mirando toda la despensa, volvemos a la cocina y nada más llegar, nuestra memoria nos recuerda que necesitábamos la sal. Esta memoria, puede fallar cuando se sobre-utiliza con muchas “cosas que hacer”, de las que estar pendiente para no olvidarlas.

Con la edad falla también de forma natural, sin que medie patología, pero en la Enfermedad de Alzheimer, constituye uno de sus principales y precoces síntomas. Es distinto síntoma preguntar dos veces o tres la misma cosa, como si nunca se hubiese realizado la pregunta anterior, que preguntar nuevamente por la información que hemos olvidado.

¿Qué me dijiste que hay para comer? o ¿Cómo me has dicho que te llamas? Son preguntas que repetimos todos en alguna ocasión y que entran dentro de la normalidad, frente a la no retención inicial de nada, ni de la propia pregunta, síntoma éste muy característico también de la afectación de la memoria en la Enfermedad de Alzheimer.

Para trabajar la memoria de trabajo, crearemos ejercicios que fuercen al sujeto a mantener la instrucción o parte del ejercicio en su memoria mientras lo realiza:

• Reconocer palabras repetidas dentro de una larga lista

• Comparar 2 columnas de palabras y encontrar las repetidas en la segunda

• Tomar parejas de naipes o de fichas con dibujos similares, ponerlas boca abajo y permitir sólo levantar una carta cada vez, tras mirarla volver a colocarla boca abajo. El objetivo es recordar donde se encuentra la pareja de una carta que hemos visto antes al levantar su pareja por primera vez

• Búsqueda de un resultado aritmético dentro de una serie larga de números consecutivos. Ejemplo: “marca con un círculo los grupos de 2 números que sumen 7”

• Búsqueda de una determinada categoría de objetos (frutas, herramientas, profesiones, etc…) dentro de un gran listado de palabras

Memoria Episódica: tiene que ver con la memoria a largo plazo pero centrada en hechos o acontecimientos, generalmente con raíz o connotaciones emocionales. Nuestra biografía y los acontecimientos vividos se almacenan en ella sin que realicemos esfuerzo alguno, pero serán aquellos que repasemos y revivamos los que permanecerán. Confeccionar con ayuda de familiares, un libro de recuerdos, con fotos y anotaciones de hechos relevantes, ayudará a mantener la memoria y orientarle personalmente.

Memoria Semántica: almacena el recuerdo de las cosas y los conceptos, reconocer una calculadora y su función, conocer el mapa y las provincias españolas o las calles de nuestro barrio y sus comercios, saber el significado de las emociones, etc…Los ejercicios que podemos diseñar serán muy variados, en función del paciente. Desde repaso a la “cultura general” (según el nivel del sujeto) a la “cultura del día a día”, arte, poesía, descubrimientos… Sería como “volver al colegio” (de hecho, son muchos los que cariñosamente llaman a las aulas de estimulación, y a las actividades que realizamos con ellos “el cole”). Recordemos que la actividad que realicemos debería tener una parte importante de ejercicios de mantenimiento (aquellos que realice con facilidad, obteniendo un refuerzo interno y externo inmediato) y una parte menor, en torno al 20-25%, de ejercicios de estimulación (muy útiles pero que generarán frustración por la no consecución del éxito inmediato).

 

4.- Ejercicios de Lenguaje

Esta área resulta afectada desde el inicio de la Enfermedad de Alzheimer, si bien, su manifestación no es tan evidente hasta fases posteriores. Los fallos suelen confundirse con problemas de ansiedad, con “olvidos seniles” normales, con respuestas o preguntas aprendidas para evitar contestar con alguna palabra que puede no pronunciarla o encontrarla con cierta fluidez o con múltiples excusas por parte del enfermo y/o de su familia.

Es importante comenzar por su mantenimiento en las fases iniciales, retrasando así problemas mayores que seguro aparecerán. El deterioro en esta área comienza por la dificultad en la comprensión de frases largas, la fluidez verbal también se resiente, generando pocas respuestas en categorizaciones, los contenidos y variación de las conversaciones se van alterando, seguir una conversación, terminar una idea y no perder el hilo estarán presentes como síntomas iniciales.

Se sugiere que en la comunicación evitemos frases largas, nos ayudemos del lenguaje no verbal, mantengamos toda su atención al comunicarnos y demos instrucciones cortas y sencillas. Son múltiples y variados los ejercicios que pueden realizarse para mejorar la fluidez verbal, entre ellos recomendamos:

• Escribir el mayor número de palabras que comiencen o terminen en...

• Palabras encadenadas por la última sílaba

• Escribir el mayor número posible de ciertas categorías: Frutas, alimentos, profesiones, ciudades, etc...

• Palabras incompletas, a las que le hemos quitado alguna letra o sílaba

• Palabras desordenadas, a las que le hemos “bailado” las letras

• Adivinanzas y refranes incompletos

• Dictados a diferentes velocidades

• Lectura en voz alta de palabras, frases sencillas, frases complejas y textos

• Repetición de frases y palabras de “baja frecuencia” de uso

• Seguimiento de órdenes e instrucciones

 

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Hablar de estimulación y mantenimiento a nivel de funciones cerebrales es hablar de plasticidad del sistema nervioso o neuroplasticidad, término que hace referencia a la capacidad de nuestro Sistema Nervioso Central para crear y modificar conexiones neuronales durante toda nuestra vida con el fin, en ocasiones, de compensar ciertas pérdidas. La Sinaptogénesis, la Neuritogénesis y la Neurogénesis son los conceptos que hacen referencia a la creación tanto de nuevas conexiones, como de nuevas neuritas –axones o dendritas– e incluso, como apunta Martínez Lage J. M., a la creación de nuevas neuronas en la vida adulta.

Nuestro cerebro no es algo rígido e inmodificable, si así fuese ¿cómo explicaríamos los casos en que un problema vascular o una lesión dejó un tiempo a un paciente sin capacidad de expresar y/o comprender el lenguaje y, posteriormente, tras la rehabilitación precisa, ese paciente puede volver a hablar? Con la estimulación adecuada, nuestro cerebro crea nuevas conexiones neuronales, nuevas redes que ayudarán a no perder o a mantener, durante un tiempo, funciones superiores cuando una enfermedad como la Enfermedad de Alzheimer comience a destruir neuronas por millares. A continuación, se recogen las técnicas y ejercicios a realizar en personas con la Enfermedad de Alzheimer u otra demencia, para compensar las pérdidas neuronales y de funciones que presentan. Cuanto antes se comience, mayor efecto protector se creará, así mismo, comentar que la adecuada capacitación técnica del profesional que lleve a cabo la intervención, repercutirá en la obtención de mejores resultados.

 

A continuación proponemos una serie de ejercicios tipo, clasificados por áreas de estimulación, en base a los que poder crear un programa de estimulación y mantenimiento cognitivo.

1.- Ejercicios de Atención

La atención sería el paso previo al funcionamiento de nuestra memoria, sin una adecuada atención resulta imposible la adquisición y codificación posterior de nuevos conceptos.

En múltiples ocasiones, nosotros mismos confundimos los problemas de atención con los fallos de memoria, sin embargo ¿alguien recuerda exactamente como es su reloj?. Piénselo un momento, ¿tiene números o rayas?, ¿los números son romanos?, ¿le falta alguno?. La mayoría de las personas que aciertan a esta pregunta es por que su reloj tiene todos los números y, ésta es la respuesta más frecuentemente contestada, pero seguro que si su reloj no es así, le habrá costado mucho acertar. Sin embargo, ¿cuántas veces ha mirado usted su reloj desde que lo tiene? La respuesta puede ser miles de veces, entonces ¿no se acuerda?. Usted responderá que no se fijó, pese a verlo miles de veces.

La atención es un proceso que puede y debe trabajarse, un proceso que de mejorar, mejorará también nuestra memoria y los ejercicios para mejorarla suelen ser reforzantes y amenos. Generalmente, para la estimulación y mantenimiento de esta función suelen emplearse:

• Ejercicios de búsquedas de elementos incluidos dentro de otros similares: figuras, letras, números, resultado de operaciones aritméticas, símbolos, etc… Este tipo de ejercicios, sirve además para estimular la Memoria de Trabajo, muy afectada en la Enfermedad de Alzheimer en fases iniciales y moderadas.

• Comparaciones entre un original y una copia: búsquedas de errores.

• Detección de diferentes tipos de errores lógicos, trabajando el razonamiento.

• Ejercicios de observación de detalles en láminas: descripción.

La Percepción sería la resultante de focalizar la atención en un estímulo concreto y examinarlo en sus detalles. Puede trabajarse con diferentes ejerciios centrados en nuestros sentidos: focalización sensorial (gusto, olor, tacto, oído, vista), interrogando sobre las características, por ejemplo, de objetos extraídos con los ojos vendados de una caja. Se debe tener en cuenta que la agnosia del paciente, o el no reconocimiento de los objetos y su función dificultará la tarea y creará frustración.

2.- Ejercicios de Orientación

La orientación se afecta precozmente en cualquier demencia, siendo en la Enfermedad de Alzheimer, algo característico de la primera fase en casi todos los sujetos.

La capacidad para saber dónde estamos, quienes somos y el momento temporal en el que nos encontramos, es algo que de fallar crea en la persona una sensación de confusión y pérdida importantes. Démonos cuenta de lo frágil que resulta esta facultad que puede incluso fallarnos a nosotros cuando encontrándonos de vacaciones o en activo pero con gran estrés y, tras perder las referencias temporales externas nos cuesta gran trabajo saber si es lunes o miércoles, 23 o 27 de agosto…

En las fases iniciales de la Enfermedad de Alzheimer, se da con frecuencia este síntoma, cuando aún es consciente de si mismo y de la situación. Ello, debe hacernos tener en cuenta, que interrogar reiterativamente sobre fechas o lugares, además de no servir a nuestros fines, creará sentimientos depresivos y ansiógenos en el enfermo.

En la orientación temporal, mejor que preguntarle sobre fechas o repetírselas de forma constante, resulta más positivo crearle nuevas referencias temporales que junto con ayudas visuales le ayudarán a orientarse. Saber que hoy es Martes por que además de acudir a nuestras aulas de estimulación los Martes y los Jueves, los Martes realizamos determinada actividad, junto con los cárteles que hemos colocado en nuestra sala y los calendarios grandes y marcados que se encuentran en su domicilio, van a ayudar a mantener y estimular esta función en fases iniciales.

 

La orientación espacial, suele resultar deteriorada algo más tardíamente que la temporal. Saber en donde se encuentran, reconocer y recordar su casa, el camino para llegar a recorridos habituales, etc., es una función que con seguridad se deteriorará en la Enfermedad de Alzheimer, en la fase intermedia o moderada. Reforzarla con diferentes ejercicios para mantener esta capacidad, beneficiará al enfermo.

Ejercicios sobre planos grandes, con no demasiados detalles de su barrio o población, planos de su propia casa, recorridos de carreteras o planos de trasporte para llegar a destinos habituales (casa de hijos, 2ª residencia, casa vacaciones, centro de compras u ocio…). Ayudan a mantener más tiempo esta capacidad.

La orientación personal es una mezcla de memoria y orientación, recordar y saber quién eres, en un momento dado, respecto al ambiente que nos rodea. Implica preguntas: ¿quién soy? ¿cómo soy? ¿qué hago aquí? No es una facultad de orientación, es la orientación más el resultado de su correcto funcionamiento. Repaso de la biografía de uno, de sus familiares, trabajos, amigos, lugares de interés, profesiones, aficiones, etc. Crear un álbum o cuaderno biográfico, ilustrado con fotos, ayuda a conservar la orientación personal.

 

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Estimados amigos

Os invitamos a participar en el curso de "Comunicación con el enfermo de alzheimer y adaptación al entorno". en su primera edición

El curso consta de dos módulos:

  • MÓDULO 1. Estrategias de comunicación con el enfermo de Alzheimer.
  • MÓDULO 2. Diseño de entornos facilitadores para personas con alzheimer.

El curso tiene una duración de 51 horas dando comienzo el próximo 16 de marzo hasta el 29 de marzo.

Durante estas semanas tendrán lugar dos seminarios presenciales y online impartidos por

  • Emma Rodero Antón: profesora de la facultad de. Ciencias Sociales y de la Comunicación. Universidad Pompeu Fabra
  • María José Moreno Juan: Directora Consultoría y Formación en ERROTU.-Fundación Aubixa

El curso se podrá seguir de manera presencial y online. Las sesiones presenciales tendrán lugar los días 21 de marzo y 28 de marzo.

El finalizar el curso se obtiene un diploma de la Universidad de Salamanca que acredita con 5 créditos de formación especifica, válido para presentar en oposiciones como méritos académicos y para convalidar por créditos de libre disposición además de por supuesto como méritos curriculares.

Los interesados en formalizar su matrícula deben dirigirse el Centro de Formación Permanente de la Universidad de Salamanca (haga click aquí)

Si deseas más información puedes ponerte en contacto con nosotros en el correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o en el teléfono 677 860 126.



Estimados amigos

Un año más Universidad de Salamanca y Formación Alzheimer comenzamos con nuestros cursos de formación centrados en las demencias y la enfermedad de Alzheimer.

En esta ocasión os invitamos a participar en el curso de "Detección temprana de la demencia y la actuación en el diagnóstico clínico y tratamiento de la enfermedad de Alzheimer".

El curso tiene como objetivos principales

  • Analizar situaciones en las que es posible sospechar la aparición de la enfermedad.
  • Saber cuáles son los principales síntomas de sospecha de la aparición de demencia y qué actuaciones deben llevarse a cabo para procurar una intervención precoz.
  • Utilizar las herramientas útiles para establecer el diagnóstico precoz y los protocolos de derivación en los diferentes ámbitos profesionales.
  • Comprender la trascendencia de demorar el diagnóstico precoz en sujetos que tienen responsabilidades laborales, familiares, patrimoniales, etc.

Este curso ofrece la posibilidad de familiarizarse con las herramientas básicas para llevar a cabo la detección precoz de los sujetos que presentan deterioro cognitivo o demencia. Los pacientes con demencia presentan deterioro de las funciones cognitivas, por lo que un mejor conocimiento de los síntomas iniciales y de las pruebas de despistaje debe contribuir a optimizar los recursos (sociales, sanitarios, jurídicos, laborales, ocio, etc.) que puedan ofertarse a estos pacientes y a sus familiares para mejorar la evolución de la enfermedad.

El curso tiene una duración de 51 horas dando comienzo el próximo 18 de noviembre hasta el 1 de diciembre.

Durante estas semanas tendrán lugar dos seminarios presenciales y online impartidos por

  • Emiliano Rodríguez: Miembro de la Unidad de Investigación La Alamedilla (SACYL)
  • Julio Pascual Gómez: Profesor Titular Vinculado de Medicina, Universidad de Cantabria Servicio de Neurología e IDIVAL .Hospital Universitario Marqués de Valdecilla

 

El curso se podrá seguir de manera presencial y online. Las sesiones presenciales tendrán lugar los días 24 de noviembre y 1 de diciembre..

El finalizar el curso se obtiene un diploma de la Universidad de Salamanca que acredita con 5 créditos de formación especifica, válido para presentar en oposiciones como méritos académicos y para convalidar por créditos de libre disposición además de por supuesto como méritos curriculares.

Los interesados en formalizar su matrícula deben dirigirse el Centro de Formación Permanente de la Universidad de Salamanca (haga click aquí)

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Se trata sin duda de uno de los síntomas peor soportados por el entorno del demente (familia y sociedad). Además son vivenciados de una forma especialmente catastrofista, denigrante y humillante. Al mismo tiempo constituyen un factor pronóstico de primer orden para la institucionalización. Generalmente, aparecen en fases leves y moderadas de la enfermedad, es decir al inicio y etapa intermedia, desapareciendo en las últimas fases en las que el grado de deterioro global es tan alto que no tienen capacidad para su expresión. Los síntomas conductuales pueden ser muy variados y floridos, adquiriendo una prevalencia elevada. 

 

1.- Delirios

Son trastornos del pensamiento en los que se expresa una idea o realidad errónea o imposible. Existe una pérdida del contacto con la realidad y por tanto no debe pretenderse convencer al individuo de su error, ya que éste no lo percibe. Su frecuencia varía según las series consultadas, sin embargo como promedios podrían cifrarse en torno al 25-75 %. Se observan con más frecuencia dentro del ámbito institucional, y esto obedece a que efectivamente los casos más dificultosos en su manejo son derivados a este medio (ya hemos referido que son un predictor de institucionalización). Por lo general los delirios del demente no suelen tener un grado de estructuración y elaboración tan complejos como los de otras patologías psiquiátricas. Suelen acompañarse de otras manifestaciones, destacando la agresividad tanto verbal como física. Son temas recurrentes de delirios: robo, infidelidad, celos, impostores, suplantaciones, etc.

2.- Alucinaciones

Son percepciones sensoriales (visuales, auditivas, olfatorias, etc.) anómalas, que no han tenido lugar en la realidad, pero que el individuo las percibe como ciertas. La afectación de los órganos de los sentidos que acontece en el envejecimiento, predispone hacia éstas. Pueden llegar a presentar tasas entre el 15-50 %, con mayor predominio de las visuales, seguidas de las auditivas. A medida que progresa la enfermedad van haciendo aparición y se consolidan las alucinaciones siendo más frecuentes en la etapa media-avanzada de la enfermedad.

3.- Anomalías en el reconocimiento (Falsas identificaciones)

Consisten en identificaciones erróneas de personas u objetos. Se trata de actos de difícil definición ya que pueden quedar enmascarados por las agnosias así como por los delirios y alucinaciones. Aparecen en el 25-50 % de los dementes en algún momento de su evolución. Las variedades que pueden darse son múltiples: - Falsos Reconocimientos de Familiares = Prosopagnosias (confunde al marido con el hijo o con su padre, etc.) - Fantasmas en el domicilio - Relación con los espejos

4.- Trastornos de la personalidad

Probablemente, se trate del síntoma más prevalente de las demencias; apareciendo en el 95 % de los casos. En su génesis intervienen la dificultad que presenta el sujeto para adaptarse a situaciones de la vida diaria y las respuestas descoordinadas de éstos. Aparecen en estadios precoces, siendo a veces la primera señal de alarma de la enfermedad. Los dementes se vuelven más intransigentes, más rígidos y rudos, con agitación y agresividad, etc.; otras veces se tornan apáticos, retraídos, con tendencia a la desinhibición, egocéntricos. Pierden el interés por sí mismos y por el entorno, abandonan el aseo, afeitado, dejan de arreglarse, se visten desaliñadamente y con ropa sucia, etc.

 

5.- Trastornos en el comportamiento

Vagabundeo o Erratismo: Se denomina así a la tendencia al paseo errático y sin rumbo que presentan los dementes. “parece como si buscasen algo o a alguien”. Se exacerba por las noches como consecuencia de la desorientación nocturna. Constituye una fuente de riesgos apreciable en forma de caídas, accidentes, etc.; así como un foco de estrés de los cuidadores y familiares. Aparece en torno al 60 % de los dementes. No tienen un tratamiento específico, ahora bien, debemos evitar reprimir esta tendencia mediante sujeciones u otros artilugios, ya que aumentan el nivel de excitación y ansiedad. Por el contrario deben favorecerse mediante pistas para erráticos con medidas de seguridad en centros institucionales.

Inquietud o Agitación Psicomotriz: Denominamos como tal a aquella situación en la que el paciente precisa estar moviéndose continuamente o manipulando objetos. A veces se acompaña de otras alteraciones que lo exacerban como ansiedad, insomnio, etc. Aparece en fases intermedias y avanzadas de la enfermedad.

Agresividad: Puede ser verbal manifestada en forma de hostilidad, insultos y gritos; o bien física contra el entorno o contra sí mismos. Puede aparecer en cualquier fase de la enfermedad, aunque probablemente sea más típica de la fase intermedia o moderada. Suele originar graves problemas en el manejo de estos pacientes, hasta el punto que constituye el primer determinante de institucionalización. Evolucionan por brotes a lo largo de la enfermedad. Sin embargo esto no debe hacernos caer en la dejadez y no chequear causas añadidas de irritabilidad como dolores, infecciones, etc., de las cuales el demente no puede advertirnos.

Disfunciones Sexuales: En los dementes son frecuentes y pueden tener un amplio abanico de presentación desde la apatía, al exhibicionismo, tocamientos, actividad sexual compulsiva, cambio en la apetencia de sexo, etc.

Trastornos del Apetito: Del mismo modo encontramos situaciones que pueden ir desde la anorexia extrema a la bulimia más compulsiva. Incluso en un mismo enfermo se pueden alternar ambas.

Depresión: La demencia multiplica el riesgo de padecer una depresión en 3-4 veces. Así, es fácil encontrar prevalencias de depresión en dementes que sobrepasan las cifras del 30-50 %. Aparece en fases iniciales de la enfermedad, cuando el sujeto percibe sus fallos y lagunas. Además, corrobora la teoría esbozada de la conservación neuronal (es necesario conservar un nivel mínimo, para poder llegar a deprimirse). Por otra parte, parece que también en los dementes se producen modificaciones en los neurotransmisores. La depresión en el demente ha de chequearse de forma sistemática, ya que podría pasar desapercibida por la falta de queja del propio paciente.

Insomnio: Es un trastorno habitual en los dementes. Sin embargo no todos los autores lo entienden como insomnio sino que algunos lo interpretan como una incapacidad para mantener el sueño o alteración del ritmo nictameral. Contribuyen a ello la citada desorientación nocturna así como la irritabilidad y agitación que les produce la noche.

 

 

 

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Trastornos del sueño

En ocasiones, estos pacientes muestran síntomas de lo que se denomina inversión de la pauta del sueño (despiertos la mayor parte de la noche y dormidos durante el día). Este trastorno se une a la desorientación general del paciente sobre todo la temporal que provoca que la persona se despierte sin tener conciencia de la hora y el lugar donde se encuentra. Son muchos los motivos que originan esta alteración, desde cambios de medicación, modificaciones en el ambiente, la propia enfermedad, las manifestaciones depresivas o al tipo de vida que lleve el enfermo. El paciente suele dormir mal por las noches en todas las fases de la enfermedad, siendo este uno de los problemas que más desazón causa a los cuidadores.

La recuperación de un adecuado patrón de sueño nocturno es una tarea difícil y generalmente con poco éxito; no obstante se deben poner en marcha las siguientes acciones:

  • Hacerle sentir que siempre habrá alguien a su lado para acompañarle y ayudarle. 
  • Procurar que tenga debidamente satisfechas el resto de sus necesidades básicas: alimentación, eliminación, higiene, vestido, comunicación, entretenimiento, etc..
  • Intentar que se acueste limpio, agradablemente cansado, sin hambre, con ropa cómoda y adecuada, en una cama confortable, rodeado de un ambiente sin factores distorsionantes, etc.
  • Realizar cada día higiene del sueño, haciendo del momento de dormir un rito rutinario: misma hora, igual proceso, etc.
  • Procurar un ambiente que invite al descanso: música tranquilizante, relajación, leerle un rato, contarle o dejarle que te cuente alguna historia, etc.
  • Hacer que permanezca en la cama siempre el mismo tiempo aunque no esté durmiendo y establecer también una rutina para que se levante.
  • Evitar periodos de dormir durante el día de más de 30 minutos
  • Si se levanta desorientado a media noche y decide la realización de un actividad que no son propias ni del lugar ni de la hora (hacer la maleta para irse a su casa, irse a la cocina a comer, vestirse para salir, etc.) no intentar razonar acerca de lo inadecuado de su proceder, entretenerlo con alguna otra actividad e intentar la vuelva a la cama. Si permanece el empeño dejar hacer y controlar a distancia, así como extremar las medidas de seguridad: cerrojos en puertas y ventanas, rejas en sitios peligrosos, etc. En estas circunstancias mantener la tranquilidad.
  • A la hora de dormir demostrar seguridad y afectividad. • En relación a la alimentación, procurar cenas ligeras, evitar bebidas excitantes.
  • Evitar las barreras arquitectónicas que pudieran generar accidentes si se levanta por la noche. Procurar un ambiente confortable en la habitación

 

Trastornos del comportamiento

Los más frecuentes son la agresividad, repetición de palabras y acciones, alucinaciones, apatía, inactividad, delirios, vagabundeos etc. Este tipo de manifestaciones siempre deben interpretarse como síntomas propios de la enfermedad. Constituyen la principal fuente de sobrecarga para los cuidadores y son la causa más frecuente de institucionalización precoz, con el consiguiente impacto emocional para los familiares y socio-económico.

Es importante resaltar que la evaluación detallada y minuciosa de cada uno de los síntomas permitirá siempre una orientación terapéutica más específica y eficaz. El primer paso consiste en la información adecuada y completa al cuidador personas mayores y formarlo en la aplicación de estrategias diversas con las que poder afrontar y paliar las repercusiones de los trastornos de conducta y síntomas psicológicos.

  • Tener en cuenta que estos trastornos no se realizan de forma intencionada y que en ocasiones las técnicas de modificación de conducta, si se realizan de forma sistemática, consiguen disminuir estas alteraciones.
  • En todos los casos las pautas a seguir para conseguir disminuir estos síntomas estarán enfocadas a tranquilizar al paciente y desviar la atención a otras tareas.
  • Lo más importante es nunca regañar ni gritar y hablar con tono de voz tranquilo.
  • Evitar las situaciones que generan dichas alteraciones e intentar mantener las rutinas y las actividades diarias.
  • Utilizar medidas de seguridad y protección que eviten los riesgos de padecer accidentes.
  • La actividad física regular controlada, ayudará a disminuir los trastornos del comportamiento.
  • Consultar con el médico ante la persistencia de los síntomas 
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